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Lo confieso: tengo un miniempleo

Lo tengo que confesar: yo ya gozo de un miniempleo, antes incluso de que la CEOE propusiese tan genial y novedosa idea. Yo tengo mi miniempleo, mi minijob, tan europeo como mini y por eso puedo hablar con un cierto conocimiento de causa de lo que ello supone.

Sumado a mis múltiples contradicciones vitales entre lo que creo y lo que tengo que hacer para vivir, soy uno de esos miles de asalariados de una multinacional dedicada principalmente al poco transparente negocio de la farmacia y del márketing. Cada trabajo generalmente me supone horas y horas dedicadas a, con mucho estómago, descubrir los entresijos de cómo funciona el mercado de la salud o de los bienes de consumo. Y digo que he de convivir con esa contradicción porque evidentemente no me gusta tener que ser partícipe de las estrategias comerciales de determinadas empresas transnacionales, ni tampoco me gusta saber los entresijos de un medicamento o de una campaña publicitaria habitualmente poco veraz, pero de algo hay que vivir y mi remuneración, aunque pequeña, es un pequeño pellizco que me permite subsistir y completar la “beca” que mis padres me tienen concedida.

El sueldo depende de la carga de trabajo que haya en ese momento y puede rondar entre los 150 o los 400 euros al mes, con algunos picos que pueden llegar a los 600 o 700 si has tenido suerte de que te encarguen trabajo extra y si has renunciado a prácticamente todo tu tiempo libre para trabajar. Porque sí, el sueldo es mini como es en principio mini el trabajo, pero no son mini las horas que se dedican, ni las noches ante el ordenador para entregar trabajos que te adelantan de fecha sin previo aviso. Muchos días se superan con creces las 8 horas diarias, todo en función de la dificultad del trabajo que te envíen que, evidentemente, nunca te avisan de lo complicado que será o no con anterioridad.

Pero aún así me siento afortunado pues con estos pequeños ingresos puedo ir pagándome mis gastos mientras acabo mis estudios sin necesidad de sablear más de la cuenta a mis padres cosa que por desgracia la mayoría de estudiantes no pueden hacer. Lo que es evidente es que con esta ocupación, que es temporal y mal pagada, uno no puede construir una vida como tampoco se podrá construir una vida con los minijobs de 400 euros que propone el indigno señor Rosell. Con un sueldo de 400 euros nadie se puede emancipar, ni plantearse crear una familia. Pero lo peor de todo es que con 400 euros nadie puede tampoco consumir y, con ello, inevitablemente tampoco se puede incentivar con ello la economía.

La argucia por la que se pretende generalizar este tipo de contratos que, repito, ya existen, es la de siempre: reclamar la necesidad de los mismos por una supuesta tendencia europea a ello. Quizá por ser algo que siempre me llamó la atención he tenido la fortuna de conocer algunos de estos minijobs en las ocasiones que he podido viajar por Europa y no, su planteamiento no es el que se propone para aquí. Allí son un mero complemento económico para jóvenes y, sobre todo, para personas mayores que así completan su pensión como taquilleros o guías de museos a media jornada, por ejemplo. El problema es que la CEOE pretende convertir una práctica concreta para unas situaciones vitales concretas en una norma que le sirva para precarizar aún más si cabe el trabajo asalariado con especial incidencia en los jóvenes. Si se permite la generalización de estos contratos estaremos abriendo la puerta a la degradación ya no solo de los salarios, sino de directamente las propias condiciones y la estabilidad laboral.

La salida de la crisis no pasa ni por la destrucción de empleo público que propone la derecha y la patronal, ni por el abaratamiento del despido ni, mucho menos, por una mayor precarización del mercado de trabajo. La salida de la crisis pasa, sobre todo, por incentivar la creación de puestos de trabajo pero en unas condiciones dignas que permitan un flujo salarial que reactive la economía a través del consumo.

Según la CEOE, poseen encuestas de parados que ven con buenos ojos los minitrabajos. ¿Quién no vería con buenos ojos percibir un salario por ínfimo e injusto que sea tras años en el paro y una familia a su cargo? El problema es que se trata de una manzana envenenada.

 

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Reflexión y reacción

Hoy, día de reflexión, he decidido hacerlo a mi manera y he leído (por fin!) Reacciona, la obra coordinada por Rosa María Artal y en la que colaboran plumas tan importantes como Ignacio Escolar o José Luis Sampedro. Es una pequeña gran obra que nos da, como su subtítulo indica, 10 razones por las que debes actuar frente a la crisis económica, política y social.Una lectura muy interesante para este día de reflexión, rodeados de movilización y lucha por una regeneración y profundización democrática de nuestro sistema. En definitiva, 10 razones para seguir dejándonos soñar a los utópicos que, en estos días, vemos la utopía más cerca que nunca.

Me tomo la libertad de reproducir un fragmento del apartado redactado por José Luis Sampedro, así como reproduzco al final del post un video a mi juicio muy interesante. Reflexionemos, reaccionemos y llenemos las urnas de votos de rebeldía mañana. Y el lunes a seguir acampando, discutiendo y debatiendo para conseguir una sociedad más justa.

¿Democracia? (extacto del artículo “Debajo de la alfombra” de José Luis Sampedro en Reacciona)

Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada en libertad en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento.

Ya en la primera infancia se inculcan al niño creencias, que la mente infantil no puede sino asumir. Así continúa la formación mental de súbditos en las sucesivas etapas de una enseñanza orientada a formar productores competitivos y consumidores, que son los que interesan a los dominantes. Fuera de las aulas los medios audiovisuales siguen inculcando las ideas del mando, sugieren preferencias políticas y desvían el interés de las personas hacia los atractivos del consumismo y los espectáculos. Es imposible enumerar la infinidad de argucias contra el pensamiento crítico, sin el cual la famosa libertad de expresión pierde su valor. Con un somero repaso a los programas y a los resultados electorales de nuestro entorno desbriremos fácilmente bajo la alfombra, etiquetada y vendida como “democracia occidental”, un sistema oligárquico en manos de las minorías dominantes.

Resumiendo: queda claro que la crisis -en principio un problema económico- nace de una dominación política (gobiernos sumisos al poder financiero) en la que influye el problema social de los votantes condicionados por la propaganda. En la degradación de esos tres niveles del suelo bajo la alfombra -económico, político, social- se encuentran las respuestas a nuestras tres preguntas iniciales. En la terna, sin duda, el poder del dinero es el más fuerte.

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Experimentos de democracia


Foto: Miki López

La mecha está encendida. En las calles de Asturies al menos ya se respira este movimiento, en los bares, en las tiendas, en los puestos de trabajo, todos hablan de “estos guajes que tan acampaos”.  En todos, sin excepción, se escuchan halagos, se escuchan conversaciones más o menos agitadas que coinciden en definir este movimiento como necesario, urgente y esperado. Nadie, o casi nadie, duda de la legitimidad y de la justicia de lo que aquí se reivindica y eso puede marcar el camino de un movimiento social de futuro incierto pero de fuerza desbordante y, al menos por el momento, con un profundo caracter democrático, rebelde y solidario.

Hoy estuve unas horas en la acampada de Uviéu/Oviedo, dadas las fechas, a los estudiantes nos resulta complicado compatibilizarlo con los exámenes, pero la necesidad y la sed de cambio, nos obliga a salir y arropar al movimiento en cuanto los apuntes nos dan una tregua. La experiencia de la acampada, como otras que hubo con otros conflictos sociales, nos sirve como laboratorio de ideas, como un pequeño experimento de democracia y participación directa de los ciudadanos. Unos están aquí todo el día, otros sólo vamos unas horas, muchos pasan y acaban quedándose, pero esto interesa y mucho y esa es la clave.

Uno ya lleva unos años militando tanto en organizaciones políticas como en movimientos sociales y en muchas ocasiones se hace cuesta arriba y muy triste llegar a asambleas o reuniones y ver siempre las mismas caras, la misma gente. Eso no ocurre en este movimiento, aquí ves caras nuevas, gente ilusionada que no está pervertida por los sectarismos e inquinas partidistas y, sobre todo, ves gente de todas las edades y condición social discutiendo, al mismo nivel, desde el viejo anarcosindicalista hasta profesores, médicos, funcionarios, jóvenes parados, activistas sociales y, sobre todo, gente indignada, gente anónima que busca un sitio para quejarse que, hasta ahora, no podía ubicar.

Todos los días se juntan en la Plaza de la Escandalera en Uviéu/Oviedo, en plena milla dorada, rodeada de las sedes centrales de los grandes bancos y de las instituciones de gobierno asturianas, un grupo de unas 200 personas constituídas en un pequeño país poblado de ideas. No podemos creer que esto sea un resurgir de los soviets, pero lo que está claro es que nadie iba a pensar en pleno siglo XXI en el estado español se iba a dar una situación así, de liberación de espacios, de acotación de plazas para las ideas y que encima iba a ser apoyada masivamente por la ciudadanía. En Oviedo ni siquiera la policía se acerca, dicen que si hay que echar a los manifestantes de allí que vayan los políticos.

Yo no sé si esto es una revolución, tampoco en qué puede acabar, pero lo que tengo claro es que si no lo es, se parece mucho a la idea que tengo de ella. Cada día que esto dure, podremos seguir disfrutando de espacios libres y de un intercambio sano de ideas y propuestas con gente que hasta ahora se mantenía callada, indignada y sumisa, guardando su furia y sus ideas. Cada día se abre un poco el paso a una sociedad más justa, o eso creemos. Y mientras lo creamos, será verdad porque no hay nada más necesario como las utopías para seguir luchando y profundizando en la construcción de ese mundo nuevo.

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La generación traicionada

Apoyo las movilizaciones porque soy joven, porque estoy harto, porque no quiero resignarme y porque estoy lo suficientemente puteado y encabronado como para decir que ya está bien, que no quiero consentir más que me aplasten y pisoteen. No voy a tener un trabajo decente en mi puta vida, tampoco un salario, ni una pensión, ni siquiera voy a poder soñar con emprender una vida independiente sino a costa de la jubilación de mis padres. Soy uno de los millones de jóvenes que ven tan jodidamente negro su futuro que no tengo ya ningún miedo a decir que ya está bien, que no nos merecemos esta mierda de presente. Nuestros padres nos han dejado un futuro de mierda, nos han sentenciado, nos han vendido a los intereses financieros, a la banca, al bipartidismo y a la práctica desmantelación del estado del bienestar. Nuestro presente y nuestro futuro no sólo es que sea peor que el de nuestros padres sino que nos retrotrae a las míseras condiciones de nuestros abuelos. Nuestros padres nos vendieron, consintieron la desmantelación de nuestra industria, la destrucción del tejido sindical y los ataques continuos a nuestra ingenua democracia y al Estado del bienestar en su conjunto. Son ellos, nuestros padres, los engañados por las dos maquinarias bipartidistas, los engañados por las falsas promesas del progreso infinito, del mal menor, del posponer ideologías a tiempos mejores, del tragar con carros y carretas con la falsa ilusión de una España de clases medias, ellos, ellos son los culpables. ¿Es este el futuro que nos merecemos? No, y como no nos lo merecemos y como no queremos esa mierda de futuro ni para nosotros ni para nuestros hijos, tenemos derecho a indignarnos y tenemos derecho a reclamar otro modelo social más justo. Tenemos derecho a reaccionar, alzar la voz y reclamar lo que es nuestro, lo que nos deben, lo que nos han robado. Somos jóvenes, tenemos el futuro en la mano.

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Contra la resignación, a moverse… ¡que ya es hora!

Un día después de las movilizaciones del 15-M toca hacer balance, cosa de la que se ha hecho bastante eco ya toda la red. En términos de participación y de movilización sin duda debemos considerar la jornada de ayer todo un éxito.  Sin embargo, en mi humilde opinión creo que deben hacerse una serie de consideraciones sobre el movimiento.

En esta jornada de análisis, cuando muchos de los que ayer se movilizaron aún acampan con afán de extender la protesta hasta el 22-M, dos son las posturas principales en todos los análisis. Por un lado quienes ningunean el movimiento, quienes critican su inutilidad, su falta de caracter revolucionario o de proyecto alternativo e incluso tachan de ser orquestada por la derecha. Por otro lado están quienes hacen el análisis cuantitativo más sencillo y ven en esta una suerte de nuevo movimiento de masas como pudo ser el movimiento anti-OTAN o contra la guerra de Irak. Personalmente creo que hay que estudiar un poco la situación y hacer otro análisis intermedio.

Ante un país con casi cinco millones de parados creo que todos debemos ver como una buena noticia que de repente haya gente que no se resigne, que no se pare y que salga a la calle a manifestar su descontento, a ellos todo el respeto. Moverse es romper una dinámica de pasotismo, de indiferencia y de apatía. Moverse es romper el miedo, tomar conciencia de que moviéndose se pueden cambiar cosas. Moverse, en definitiva, es comprender que quien participa tiene más posibilidades de cambiar las cosas que quien simplemente se resigna.

Cierto es que quizá lo que se podría criticar a este movimiento es su falta de cohesión, de proyecto alternativo. Basta hacer un simple corte estratigráfico a todos los amigos que se han movilizado y observar cómo son diferentes las motivaciones de unos y otros. Quizá este sea a la vez su punto fuerte y su punto más débil, una falta de discurso cohesionado y alternativo, que haga temblar realmente a los garantes del sistema.  Pero ¿es esto malo? En mi opinión cualquier movilización que haga salir a la sociedad de la apatía y del miedo que los bancos y el bipartidismo les tienen metidos en el cuerpo, por pequeño que sea, siempre es bueno. Despertar es bueno, aunque sólo sea un acicate que les haga a medio plazo tomar conciencia de quiénes son realmente los culpables de su situación. Que un mileurista, un parado o un hipotecado rompa la dinámica y decida que es hora de tomar partido quizá no sea la chispa que desate un movimiento revolucionario al uso, quizá no transforme la plaza de la Escandalera en Uviéu en una nueva Tahir, pero sí que puede servir para que esa persona sea consciente de que resignarse no es la solución, de que uno puede buscar su camino y de que en la lucha está la victoria. Si con las movilizaciones de ayer conseguimos que solo una mínima parte de los participantes hasta ahora despolitizados se acerque a la política y empiece a tomar conciencia de que otro sistema no solo es posible sino necesario, entonces habrá sido todo un éxito.

Stéphane Hessel nos invitó a indignarnos en su pequeño ensayo del mismo título, luego tomaron el relevo a este lado de los Pirineos gente como Ignacio Escolar o José Luís Sampedro en la obra “Reacciona” que coordina Rosa María Artal. Hagámosles caso, indignémonos primero por todo lo que nos han hecho, por todo lo que tenemos que pagar y por habernos llevado a esta situación y luego reaccionemos y utilicemos esa indignación para reclamar que éste no es nuestro sistema y que no los queremos, ni a los banqueros, ni a los grandes partidos que nos llevaron a esta situación, ni a los especuladores ni a los corruptos. Como se gritaba en Argentina allá por los años oscuros del corralito: “¡Que se vayan todos!”.

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“Pongo mi voz, para el que quiera usarla, como su propia voz, como su propia arma”

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Quemaos del 2010

El 2010 acaba y como es costumbre toca hacer balance. En esta ocasión yo seré breve. Me preocupa acabar el año con un Gobierno que utiliza al ejército para resolver conflictos laborales. Me preocupa que se aplique la justicia militar a determinados colectivos. Me preocupa también terminar el año viendo que a nadie escandaliza que nuestras fuerzas de seguridad del Estado sean condenadas por torturas. Me preocupa que nuestro Gobierno desmantele la sociedad del bienestar con complicidad de la derecha. Me preocupa que una reforma laboral consienta despidos más fáciles y baratos a las empresas españolas que acaban el año de la crisis y los cinco millones de parados con 50.000 millones de euros de beneficios. Me preocupa que mi voto siga valiendo menos que el del resto de súbditos de este reino que también me preocupa.
Y, lo que más me preocupa, es que estemos quemaos cuando deberíamos estar quemando.

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La clase media, ¿en medio de qué?

Mucho se habla en los últimos días sobre el reciente estudio de los técnicos de Hacienda que advierte de que en el estado español ya son 63% el porcentaje de mileuristas, noticia que ya advertía hace unos meses del diario El País con su tono habitual. Según este dato 16,7 millones de trabajadores obtienen unos recursos mensuales inferiores a los 1.100 euros, un dato alarmante que debería hacer pensar a nuestros gobernantes sobre lo adecuado o no de tirar esa ingente cantidad de dinero a salvar los bancos que durante tanto tiempo se han enriquecido a base de la usura y de hipotecar la vida a jóvenes, trabajadores y demás ciudadanos.

Lo más llamativo de todo esto, aparte del susodicho dato que, para los que somos jóvenes y trabajadores eventuales, no viene sino a certificar con un informe y algún artículo en prensa las condiciones de un mercado laboral tan siniestro y mezquino que ni siquiera nuestros padres pueden entender. El tapón que originó el baby boom situando en los puestos de responsabilidad a nuestros padres o estableciendoles una cierta estabilidad laboral hace que se produzca una ruptura generacional tan compleja y dramática, que les hace incapaces de comprender el mundo laboral real, el que está fuera de convenios y de antigüedad, que prima la competitividad, la sobrexplotación, la flexibilidad, los sueldos míseros y una temporalidad laboral del 27%  para la que dicen es la generación mejor formada de la Historia.

La gran mentira de la clase media

Sintomático es que se hable ahora del peligro que corre la clase media, de su merma, como un síntoma de retroceso social, de involución historica en el desarrollo del Estado, probablemente basado en la maniquéa teoría de que cuánto mayor es la clase media, mejor va el Estado y que su disminución o su inexistencia somete a las naciones a situaciones de subdesarrollo. No entraré a valorar esta teoría, pero quizá el gran problema es la gran mentira que acechó durante décadas creando ese espejismo de que en España todo el mundo pertenecía a la clase media, que era un estado en progreso, que era una superpotencia y que todos sus ciudadanos como poco pertenecían a esa supuesta clase media.

En primer lugar deberíamos preguntarnos qué es lo que generalmente se considera clase media y por qué de esa autoafirmación general. Cuando cursé una asignatura que abordaba los movimientos sociales, mi profesor, marxista confeso hizo un experimento en su primera clase sin previo aviso consistente en preguntar a todos los alumnos a qué clase creían que pertenecían. El resultado fue abrumador: de 19 alumnos unos catorce afirmaron su pertenencia a la clase media, cuatro lo hicimos a clase obrera y uno lo hizo a proletariado. El razonamiento de quienes afirmaron su pertenencia a la clase media fue que ellos no pasaban hambre, que disponían de un hogar y sus padres de un trabajo. Por nuestra parte quienes afirmamos nuestra pertenencia a la clase obrera, evidentemente quizá los más concienciados políticamente, recurrimos a una explicación de una sociedad estratificada que se organizaba jerárquicamente y en la que las condiciones materiales te hacían partícipe de uno u otro estrato en función de las mismas, una sociedad jerarquizada y organizada en base a la desigualdad social. Obviamente el profesor pidió una explicación más mundana, a lo que respondimos que pertenecíamos a la clase obrera porque eramos asalariados o hijos de asalariados, sin otro patrimonio que nos diese un sustento sin recurrir al trabajo por cuenta ajena. Tras esto, de los 14 compañeros y compañeras que afirmaron pertenecer a la clase media, poco a poco fueron afirmando que sus condiciones materiales eran similares.

Este experimento lo repetí con varios amigos que, como es natural entre amigos de toda la vida solemos proceder de ambientes parecidos, y en todos se repitió un resultado similar. Sería interesante estudiar ese proceso social de autoengaño o de anestesia colectiva que hace que la mayoría de los trabajadores de este país sientan vergüenza por pertenecer a la clase obrera y se engañen considerándose clase media por no ser ni ricos ni vivir en la indigencia.

La estratificación social en el estado español

Es interesante comprobar el razonamiento general del porqué de la pertenencia a la clase media: si una persona no padece de exclusión social, ni se sitúa en el otro extremo de acumulación de riquezas, se busca un término medio consistente en aglutinar todo el espacio entre dichos extremos bajo la descripción generalizada de clase media. Una confrontación de análisis entre el weberiano que haría una descripción lineal de la estratificación y subyugaría la pertenencia a una u otra según las posibilidades ofrecidas a cada individuo, sin tener en cuenta las condiciones materiales y de dominación con el análisis marxista de confrontación de clases en función a la explotación de las unas sobre las otras nos pondría quizá en un punto poco claro, por ello mejor será caracterizar el plano estratigráfico de la sociedad española.

Como es evidente, en la sociedad capitalista en la que vivimos, el factor trabajo se ve remunerado por un salario que determina tu capacidad de subsistencia y desarrollo personal en función de la cantidad del mismo en correlación a la carestía de la vida.

Comencé este post hablando de los mileuristas, es decir, personas cuya retribución salarial no supera los 1.100 euros mensuales. Obviaré hablar de la precariedad de dichos empleos ya que ya lo hice anteriormente y me ceñiré solamente al aspecto salarial. Con esos 1.100 euros un trabajador debe hacer frente a una vivienda, ya sea en propiedad (hipoteca mensual) o en arrendamiento (alquiler mensual), a su manutención y vestimenta, al menos como gastos mínimos de subsistencia. Todo esto se complica si además tienes cargas familiares como pueden ser los hijos.  Analizando sólo los gastos mínimos de subsistencia y excluyendo el factor de cargas familiares, un trabajador con dicho sueldo en una ciudad grande o una capital de provincia sería incapaz en muchas de ellas de por si mismo poder subsistir y, de hacerlo, en unas condiciones límite que le harían vivir mes a mes para subsistir, sin mucho margen para otro tipo de gastos ajenos a lo más básico. Es decir, según el informe citado antes y según las evidencias de quienes padecemos dicho fenómeno, en España el 63% de la población activa vive en unas condiciones materiales que no le permiten más que la mera subsistencia.

Pero esto no queda aquí, porque seguro que en esa encuesta no viene recogido el eslabón más débil de la sociedad, el grupo del lumpenproletariado, de la lumpen-ciudadanía,  de los esclavos del siglo XXI. Me refiero obviamente a los inmigrantes que desempeñan los trabajos menos cualificados de nuestra sociedad y reciben los salarios más bajos, que impiden siquiera la subsistencia y les somete a la mayor de las marginaciones y exclusiones sociales. Junto a estos los Guestworkers, aquellos ciudadanos europeos de países que se unieron a la UE a principios de los 90 sin ningún tipo de restricciones y hoy padecen ser mano de obra imprescindible pero sin derechos y, por ende, con una remuneración salarial paupérrima que les impide un desarrollo personal y familiar completo ya que ni siquiera pueden sobrepasar en la mayoría de los casos el umbral de la subsistencia. Según datos de diversas ong, en España los trabajadores irregulares obtienen unos recursos de entre 500 y 800 euros mensuales y si además tenemos en cuenta que el sueldo mínimo interprofesional en España es de 624 euros podemos hacernos una pequeña idea de las condiciones en las que viven estos trabajadores.

Es pues que basandome en los datos si en el estado español casi 17 millones de personas obtienen recursos que únicamente les permiten subsistir, que existe una masa de no-ciudadanos que no se refleja en las estadísticas que obtienen unos recursos que ni siquiera les permite una subsistencia digna, me plantéo cómo es posible que en el imaginario colectivo se pueda seguir afirmando que en España todos pertenecemos a la clase media, a esa que es dueña de sus propios medios de producción y posee al menos una estabilidad económica que le permite no solo subsistir sino destinar recursos sobrantes a otras actividades económicas o sociales.

En España existe una clase media, por supuesto, cómo en casi todos los estados del mundo, una pequeña burguesía que no dispone de recursos para contratar trabajadores pero que es propietaria de sus medios de producción. Como ella también existe una burguesía que por su posesión de los medios de producción es capaz no solo de subsistir sino de aumentar sus medios a base del trabajo desarrollado por la otra clase sobre la que se sitúa. Pero quizá debería hacerse el análisis de si es verdad que la inmensa mayoría de la población, básandonos aunque sea en su distribución por sectores productivos, nos da una ecuación por la cual la mayoría de trabajadores en España son poseedores de sus medios de producción. Al menos en mi caso no me salen las cuentas.

Si, vistos los datos, a día de hoy no se puede decir que pertenecemos a la clase obrera y que la clase que se sitúa sobre nosotros no sobrevive gracias a la explotación de la nuestra a través de nuestro trabajo, entonces creo que nos quedará precariedad laboral, sueldos basura, flexibilidad y sobreexplotación para rato. Confiémos que la fuerza dormida de los trabajadores, de los no-ciudadanos y, en definitiva, de quienes en último término somos víctimas de la sociedad capitalista, sepa más pronto que tarde tomar conciencia real de cuál es su rol en la sociedad y de cuál debería ser. De momento el capitalismo nos va ganando la partida, ahora es cosa nuestra saber jugar las cartas y la crisis nos las está repartiendo bien.

Trabajador en paroPoema a la clase media

Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande

Desde el medio
mira medio mal
a los negritos
a los ricos
a los sabios
a los locos
a los pobres

Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también

En el medio de la nada
medio duda
como todo le atrae
(a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida)
sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan
(medio en las sombras)
a veces, sólo a veces, se da cuenta
(medio tarde)
de que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina

Así, medio rabiosa
se lamenta
(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza
a entender
ni medio

Mario Benedetti

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