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¡Hasta siempre Negra!

Finalmente la Negra Sosa, como se conocía popularmente a Mercedes Sosa no ha podido aguantar más y con ella se ha ido una de las voces fundamentales de la música latinoamericana y, en definitiva, de todas las músicas que buscan la libertad y el amor por el mundo y por los seres humanos. Una voz de libertad, una voz de esperanza, sin duda hoy es un día un poco más triste con su pérdida.

Mercedes fue una de las voces más importantes de la música argentina, con un ferviente compromiso con la clase obrera a la que dedicó gran parte de su música. Por sus ideas tuvo que exiliarse en España durante la dictadura donde entró en contacto e incluyó en su repertorio canciones de otros grandes cantantes de este lado del charco como Joan Manuel Serrat.

Para todos aquellos que ya desde jóvenes tenemos inquietudes políticas, con una gran sensibilidad hacia las “causas americanas”, Mercedes, la Negra Sosa, fue sin duda uno de los referentes que compartía estantería con Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani, Silvio Rodríguez… Sin duda hoy es un día triste para los desposeídos, para los obreros del mundo, para Argentina y, sin duda, para la izquierda romántica y sensible que mantiene aun una llama de esperanza en que la Humanidad se merece eso, un poco de humanidad.

Hasta siempre Negra.

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Alternativas comunicativas en América Latina

En la actualidad venimos asistiendo al bombardeo constante en nuestros medios sobre el nuevo Real Decreto aprobado por el gobierno que regulará la TDT de pago en España. La medida ha causado reacciones diversas, tanto a favor como en contra, aunque no hay que olvidar la nocturnidad y alevosía con la que fue aprobado dicho Decreto, pero no es sobre este tema, que seguro que aun dará más que hablar, sobre lo que me quería centrar, sino que me sirve de excusa para hablar o más bien opinar sobre el presente y futuro de los medios de comunicación.

Si de algo ha servido todo este revuelo, que deja de lado el problema de la adaptabilidad al nuevo sistema de los ciudadanos que tenían un decodificador TDT sin compatibilidad para estas nuevas funciones, es para evidenciar de nuevo la maquina tan bien engrasada que supone el Poder con los grandes medios de comunicación. Si en 1989 el señor Felipe González abría la puerta del negocio de la televisión de pago a Canal+, la que fue la gallina de los huevos de oro de Sogecable (Grupo Prisa), que posteriormente fue liberalizado de nuevo por el presidente Zapatero en 2005 para crear el canal en abierto Cuatro, ahora le toca el turno a La Sexta, buque insignia del grupo Mediapro y con una más que evidente sintonía con el Gobierno. Es decir, en 20 años el PSOE ha hecho exactamente lo mismo siempre buscando una posición de predominancia mediatica y apoyándose en unos y otros grupos de comunicación, por si no tuviera ya poco con la televisión pública como cuenta Pascual Serrano en Rebelion.

Los grandes lobbys de comunicación

En definitiva podríamos enumerar infinidad de grupos de comunicación, de lobbys informativos que con mayor o menor implantación se encargan de difundir sus noticias tanto en el Estado Español como en Europa, pero hoy pretendo centrarme en el caso latinoamericano, donde gobiernos progresistas en mayor o menor grado se enfrentan a los retos de construir un modelo comunicativo progresista en la jungla de los grandes grupos fruto de las desmesuradas liberalizaciones de los años 1980 y 1990.

Frente a las tentativas de construcción de sistemas de información alternativos se encuentran algunos de los mayores conglomerados en materia de comunicación en habla hispana.

Podemos empezar por la Organización Cisneros, conglomerado venezolano dirigido por Gustavo Cisneros, empresario que no solo apuesta por el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) sino que fue uno de los más firmes partidarios de las políticas neoliberales de los gobiernos salpicados de corrupción de Carlos Andrés Pérez. A este grupo pertenecen entre otros medios Venevisión, canal líder de la televisión venezolana y que factura millones en derechos de explotación por todo el mundo ya que es una de las mayores productoras de telenovelas de hispanoamérica. Pero como el capitalismo no tiene límites y los capitalistas tampoco, al señor Cisneros no le basta con su negocio venezolano y ha extendido sus redes por otros países controlando Caracol TV (Colombia), Chilevisión (Chile) o DirecTV Latin America en los Estados Uninos de norteamerica. Su público es la nada despreciable cifra de 550 millones de espectadores en más de 90 países.

Pero el gran grupo de comunicación en latinoamerica es Televisa, el consorcio mexicano que controla tres cadenas nacionales, una en el distrito federal, 258 emisoras regionales, 156 publicaciones escritas y las cinco emisoras de radio que opera en Mexico (en consorcio con el Grupo Prisa). Su presidente, Emilio Azcárraga, es uno de los empresarios más importantes e influyentes de toda latinoamerica, como denota que en 2006 consiguiese que se aprobara por unanimidad en la Cámara de Diputados una nueva ley de comunicaciones que regulaba el monopolio de la televisión privada en México en manos de AztecaTV y Televisa, asunto aun en litigio con el Tribunal Supremo.

Por otro lado tenemos al grupo Clarin en Argentina que agrupa a 14 rotativos, entre ellos el diario Clarin, el de mayor tirada nacional, junto a numerosas revistas, el Canal 13 del distrito federal, tres emisoras en Buenos Aires, 25 en el resto del país y, desde el 2006, el control de 80 canales a través del primer operador de cable argentino que a su vez emite también en Uruguay.

Presencia de los lobbys de comunicación españoles en latinoamerica

Como era de esperar en un mercado de tantos millones de consumidores como es el latinoamericano no es de extrañar que los consorcios informativos españoles crucen el charco para hacer negocio y extender así su red de control de la información.

Así pues, mientras el 40% del accionariado de La Sexta está en manos de la mexicana Televisa, es el Grupo PRISA quien ostenta la presencia española en latinoamerica, facturando en 2007 la nada desdeñable cifra de 3.696 millones de euros. Aglutina a más de 43 millones de usuarios a través de El País, 40 Principales y las editoriales Santillana y Alfaguara, así como su participación en el Grupo Latino de Radio (México, Chile, Colombia, Argentina, EEUU, Costa Rica y Panamá).

Los lectores habituales (cada vez menos) del diario El País que nos situamos a la izquierda llevamos mucho tiempo sintiendo estupor y desprecio por los artículos de política internacional del diario, especialmente cuando hablan de países americanos con gobiernos legítimos de izquierdas como el caso de Venezuela, Bolivia o Ecuador, por poner tres ejemplos, así como la desmesurada falta de rigor y crítica a gobiernos como Uribe en Colombia o el clan Kirchner en Argentina. No es de extrañar si tenemos en cuenta que es uno de los principales socios de la Organización Cisneros de Venezuela a la que le da cobertura en la televisión de pago en España y a través de las ondas radiofónicas dentro del Grupo Latino de Radio. Lo mismo que ocurre en México al compartir con Televisa las cinco emisoras de ámbito estatal, en Argentina un acuerdo de colaboración con el grupo Clarín y en Bolivia con la propiedad de la televisión ATB Bolivia y los diarios La Razón y Extra.

El gran logro del grupo PRISA, más allá de sus millonarios beneficios a costa del neocolonialismo económico y de la atomización de los medios informativos es ser capaz de modelar a su gusto (e intereses) la imagen internacional de los gobiernos latinoamericanos. Con sus alianzas con el antichavismo en Venezuela y con la oligarquía racista de Bolivia, consigue crear frentes comunes contra Hugo Chávez o Evo Morales, mientras con sus otras alianzas lima la imagen de presidentes como Uribe, Cristina Fernández o Calderón, es decir, sirve de soporte de los sectores dominantes y ultraconservadores latinoamericanos y como piedra de toque contra todos aquellos gobiernos progresistas que plantean alternativas más o menos acercadas al status quo del continente.

Qué se mueve en latinoamerica y algunas alternativas

Como dije anteriormente, frente a estos grandes holdings comunicativos, los gobiernos progresistas que mayoritariamente gobiernan el continente se encuentran ante un reto de una dificultad estructural y económica gigantesca pero que abre en muchos casos el camino a alternativas que pueden crear una brecha entre lo público y lo privado que no podemos ni debemos perder de vista.

Sin duda uno de los grandes proyectos de comunicación es Telesur, canal del que son accionistas los gobiernos de Venezuela, Argentina, Cuba, Bolivia, Ecuador y Paraguay y que, a pesar de problemas estructurales y de la dificultad de cubrir emisión para todo el continente, va haciendose un hueco como canal público, con contenido diverso y una gran herramienta de futuro para la cohesión social de los pueblos latinoamericanos. Así mismo, su apuesta por la implantación a través de la red sirve para la construcción de un pequeño contrapoder mediatico que hace llegar a cualquier punto del mundo una información profesional y rigurosa no aquejada de intereses comerciales. Otra senda recorren países como Ecuador donde nunca existió una televisión pública pero que desde hace poco sí posee un periódico de titularidad pública llamado El Telégrafo, proyecto similar que quiere seguir Evo Morales en Bolivia.

Sin embargo estas iniciativas muchas veces no llegan a la opinión pública europea. Para ejemplo quedan los ataques al gobierno de Venezuela al no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión para dejar libre la frecuencia para usos públicos. Tampoco se comentará el anuncio hecho hoy por la presidenta Cristina Fernández de reformar la vieja ley audiovisual heredada de la dictadura que establecerá un tercio para uso público, otro tercio comercial y otro para usos cooperativos (universidades, asociaciones, cooperativas…etc).

A pesar de todo, estas iniciativas necesarias y totalmente respetables tomadas por parte de los gobiernos de izquierdas latinoamericanos, suponen un riesgo claro de estatalismo al verse enfrentadas a consorcios comunicativos tan grandes y poderosos, por lo que quizá tampoco sea esta la alternativa o, al menos en principio, no sea solo esa la única alternativa. Quizá el modelo idóneo para conseguir una verdadera independencia informativa y una transmisión real entre emisor y receptor sea la ruptura de los intermediarios y la apuesta por medios de comunicación cooperativos y autogestionados que no caigan en sucursalismos a gobiernos de turno o a intereses económicos. Esa senda la están comenzando ahora en Uruguay donde ya se han reservado licencias para usos comunitarios y en Bolivia ya son más de una treintena las que funcionan, aunque todo ello sigue el ejemplo de los medios alternativos venezolanos.

La alternativa comunicativa venezolana

El proceso bolivariano con sus grandes defectos y virtudes ha traído a Venezuela una autentica revolución en materia comunicativa, una democratización de la comunicación llevándola a los sectores populares para que asuman el papel de emisor y no solo el de receptor (o consumidor). Lejos de quedarnos con aspectos bizarros como el programa “Aló, Presidente” o con la campaña mediatica tan bien orquestada contra el presidente Chávez por no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión, es imprescindible que nos fijemos en la comunicación alternativa de la república, donde las publicaciones, revistas, fanzines, emisoras y radios se cuentan por centenares en todo el país y con la madurez de haber sido capaces de abrir el debate sobre la autonomía de las mismas.

En una sociedad mestiza como la venezolana y a pesar de los intentos de demonización de Chávez, no se nos dice que más del 85% de los medios de comunicación (televisión, radio y prensa escrita) en Venezuela están en manos de la oligarquía blanca que sirve de sustento a la oposición y de plataforma a intentos golpistas que hasta el momento han sido frustrados. Desde el año 2002 existe en Venezuela una normativa audiovisual sobre medios comunitarios que regula las condiciones para obtener licencias sin ánimo de lucro renovables cada cinco años. Los criterios son, a grandes rasgos, que el 70% de los contenidos sean realizados por la comunidad, que tengan talleres permanentes de formación popular y que con el fin de autogestionarse se financien también con publicidad de las pymes locales para promocionar el comercio de proximidad. Con esto se consigue por un lado gracias a la formación que la capacidad de lanzar el mensaje no quede reducido a un pequeño grupo sino a toda la comunidad, por otro lado con la publicidad de empresas locales se evita caer el el círculo vicioso capitalista que acabaría sometiendo al medio a una sumisión a intereses empresariales frente al espíritu colectivo y desde abajo con el que surgen.

Existen multiples ejemplos ya consolidados que están demostrando el éxito de las alternativas comunicativas como son Catia Tve en Caracas, Cardumen dirigida a los pescadores de Isla Margarita, Comunare Rojo TV orientada a los campesinos de Yaracuy y, desde 2003, Vive TV, canal comunitario de alcance nacional que difunde diferentes puntos de vista desde todos los puntos de la república e incluso de otras naciones.

La acusación frecuente de los medios de comunicación privados y de la oposición es que los medios comunitarios son un apéndice del chavismo pero, en realidad, los más de 450 medios existentes responden a otra realidad: al planteamiento desde abajo de una alternativa comunicativa real, con capacidad de crítica sobre los asuntos públicos y con una autonomía muy marcada que sirve de herramienta fundamental para la democratización del espéctro comunicativo de Venezuela.

Lo que no cabe duda es que en el proceso de cohesión latinoamericano es imprescindible la búsqueda de modelos y alternativas que sirvan para establecer una jerarquía de contrapoder e información veraz y no sometida ni a los intereses comerciales ni a los intereses partidarios de los gobiernos y son estos, los medios comunitarios, una de las alternativas más estimulantes a la búsqueda de una verdadera democratización de la comunicación y de cohesión entre los diferentes pueblos manteniendo la diversidad y tendiendo puentes a las realidades sociales muchas veces silenciadas por los medios privados.

Los datos aportados en este texto están extraídos de diversos artículos de Rebelion (sección “Mentiras y medios”), TeleSur, Aporrea, de los artículos “Los medios comunitarios en Venezuela” de Thierry Deronne y “Los grupos de comunicación en Suramérica” de Pascual Serrano (ambos publicados en el nº6 de El Punto de Vista de Le Monde Diplomatique en español) y “La guerra mediatica en America Latina” de Andrés Mora Ramírez.

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