Archivo mensual: enero 2012

Ante todo, ética

art 8. Los militantes y/o cargos públicos de IU imputados por un juez o magistrado, procesados o condenados por delitos relacionados con la corrupción, prevaricación con fines de lucro, tráfico de influencias, enriquecimiento injusto con recursos público o privados, malversación y apropiación de caudales públilcos, cohecho, racismo, xenofobia, homofobia o violencia de género, cesarán de forma inmediata de sus cargos públicos así como de los órganos de dirección de IU a nivel estatal, autonómico o local si los tuvieren. También serán apartados de forma cautelar de la militancia hasta que cese la imputación, el procesamiento o exista sentencia absolutoria.

La coherencia es la menor distancia posible entre lo que uno dice y hace. Como creo que una de las banderas que deben primar en el seno de la izquierda es precisamente la de la coherencia, hay noticias que de mano no deberían darse y que, si por desgracia se dan, debemos actuar conforme a nuestra ética y a la propia coherencia que tanto reclamamos al resto.

Izquierda Unida tiene desde 2006 un código ético al que deben atenerse todos sus cargos tanto a nivel federal, como autonómico o local. Un código que recoge un compromiso ciudadano, de transparencia y coherencia que debe ser una prueba de confianza que nos diferencie de otras organizaciones que acogen en su seno prácticas poco éticas.

Mientras un cargo de IU es imputado por un presunto delito, es la organización también responsable de dicha imputación mientras se le mantenga en sus cargos. Le pese a quien le pese, una acusación de acoso sexual es una acusación de violencia de género, una lacra contra la que desde nuestra coalición y desde la izquierda combatimos con todas nuestras fuerzas. No hay medias tintas, tenemos un código que regula estas (y otras) actuaciones poco éticas y hay que respetarlo.

Como militante reivindico la preeminencia de la ética y la coherencia cívica como algo irrenunciable y por ello considero imprescindible y urgente que se suspenda inmediatamente de sus cargos a este compañero mientras permanezca imputado. Si se demuestra inocente, se le devolverá a su cargo y quedará su nombre y el de la organización más limpios aún si cabe. Mientras se siga manteniendo en su puesto, tanto su nombre, como el de la organización a la que representa, quedará en tela de juicio.

11:43h Actualización: esta mañana se hace pública la declaración por la que Miguel Reneses suspende temporalmente sus funciones como Secretario de Organización. Un gesto que le honra, que nos excluye como organización de un asunto judicial que, espero, determine si hay culpabilidad o no y limpie su nombre en caso de estar exento de ella.

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Que nadie se olvide de la Memoria

“La lucha del hombre contra el Poder es la lucha de la memoria contra el olvido.”  Milan Kundera

Hace unos días, hablando con una persona encargada de dar forma a un trabajo de memoria histórica en el que estamos trabajando unos compañeros, nos preguntaba que, como historiadores, cómo veíamos ahora el presente y futuro del proceso de recuperación de la memoria histórica con la llegada de la derecha al poder en prácticamente todos los estamentos posibles.

Nuestra respuesta fue bastante unánime: la financiación y la ayuda pública prácticamente tiene que ser descartada salvo alguna que otra corporación municipal en manos de la izquierda que aún desarrolla proyectos sobre la memoria. Añadimos también que precisamente por ser ahora un tema denostado y pisoteado por una derecha que quiere seguir sintiéndose impune, y también por parte de la izquierda que mantiene complejos de supuesta equidad de víctimas, era más importante que nunca seguir impulsando y desarrollando trabajos en esta dirección.

La memoria, aunque muchas veces molesta, es un motor que hace avanzar a la sociedad. No es posible construir un modelo social justo mientras haya un régimen que se sustente con cunetas llenas de huesos como pilares o con muertes, abusos y torturas sin respuesta ni reparación. Recuperar la memoria es recuperar las voces del olvido, es poner puntos a heridas abiertas y es, ante todo, hacer justicia.

¿Cómo podemos querer construir un Estado moderno si basa su propia existencia en la propia injusticia? No podemos permitirnos seguir negando una realidad social existente, la de las miles de familias que aún a día de hoy no tienen respuesta sobre su propia historia familiar. Una historia que, en definitiva, es la historia más importante de uno: la de sus ancestros, la que explica de dónde viene y el porqué de su existencia. No hay peor castigo para un ser humano que negarle su pasado, que negarle la posibilidad de reencontrarse con los hechos y vivencias de sus predecesores; y esto, por desgracia, lo tenían y lo tienen muy claro las derechas, que saben que no tener un sitio material donde llorar o unos restos a los que rendir un homenaje es la nada, la inexistencia, el vacío más absoluto.

Sin memoria se corre el riesgo tan frecuente y tan dañino en el campo de la Historia de caer en la nostalgia, de que la bruma del tiempo edulcore los sucesos tiñéndolo todo de un tupido velo de inocencia pasada. Sin memoria, se corre el riesgo de que al ministro de propaganda de un régimen totalitario y genocida como el franquista se le permita redactar una Constitución y que a su muerte, con responsabilidad en varias muertes impunes, se le considere una pérdida para la democracia y que la nostalgia haga considerar nimiedades o asuntos baladí sus responsabilidades con un régimen de terror.

Sin memoria, el recuerdo queda en un anciano que suelta exabruptos y se bañó en Palomares, obviando a Julián Grimau, a Enrique Ruano, a los trabajadores de Vitoria o a los carlistas de Montejurra.

Sin memoria, en definitiva, seguiremos siendo un Estado construído sobre la injusticia, el dolor y la negación de nuestra historia. Sin memoria, los vencedores siguen venciendo y los vencidos somos doblemente vencidos.

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Con Fraga, hasta la braga

Lo reconozco, en cuanto escuché la noticia de la muerte de Fraga me recorrió por todo el cuerpo el cosquilleo de tener que escribir sobre ello. Nunca me alegro por la muerte de un ser humano, de hecho ni por los hombres y mujeres más ruínes que el mundo haya dado me alegro. La muerte es una liberación, es un punto y final que ahoga en olvido los peores actos cometidos. Y no, eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo.

Muchos seguramente mañana recuerden al señor Fraga Iribarne como un demócrata ejemplar, como un político de excepción que supo amoldarse de un régimen totalitario a un sistema democrático. Otros recordarán que es el fundador del partido que ostenta el poder en la práctica totalidad del Estado. Incluso en algunos medios de comunicación recordarán aquel ya clásico “con Fraga, hasta la braga” que resumía la relajación de la mojigatería de la censura o aquel esperpéntico baño en Palomares tras el affaire nuclear.

De lo que estoy seguro es de que a muy pocos les dará hoy por pensar en el otro Fraga. En el Fraga que puso voz y cara para justificar ante todo un país el fusilamiento de aquel comunista llamado Julián Grimau en 1963. Tampoco se hablará del Fraga que dirigía las fuerzas de órden público aquel 3 de marzo de 1976 que resultaban con la muerte matada de cinco trabajadores en huelga. Y, evidentemente, tampoco se hablará del Fraga que conocía y amparaba aquel atentado que desde el búnker se lanzaba contra aquel carlismo que se reinventaba y reivindicaba una identidad nueva frente al tradicionalismo franquista en Montejurra un 9 de mayo de 1976.

De nada de esto se hablará porque nada de esto interesa en esta sociedad obligada a ejercer una amnesia colectiva, un intento de amnistia de facto para todos aquellos verdugos, fieles vasallos y perros de presa surgidos de las entrañas del franquismo. Fraga, al igual que otros muchos, muere en la cama, tranquilo, sin haber sufrido persecución ni condena alguna porque, ante todo, el señor Iribarne ha sido en sus 89 años de vida un camaleón capaz de transformar su existencia a las circunstancias, de sobrevivir y, sobre todo, de escapar a la propia justicia.

Otro culpable muere en la cama con las manos manchadas de sangre. Hoy debemos de estar tristes por haber sido incapaces en 30 años de sentar en un banquillo ante un juez a quienes deberían haber rendido cuentas por sus hechos.

Como bien dice Lluís Llach a todos ellos “les perseguirán nuestras memorias para siempre”.

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