Archivo mensual: agosto 2009

La clase media, ¿en medio de qué?

Mucho se habla en los últimos días sobre el reciente estudio de los técnicos de Hacienda que advierte de que en el estado español ya son 63% el porcentaje de mileuristas, noticia que ya advertía hace unos meses del diario El País con su tono habitual. Según este dato 16,7 millones de trabajadores obtienen unos recursos mensuales inferiores a los 1.100 euros, un dato alarmante que debería hacer pensar a nuestros gobernantes sobre lo adecuado o no de tirar esa ingente cantidad de dinero a salvar los bancos que durante tanto tiempo se han enriquecido a base de la usura y de hipotecar la vida a jóvenes, trabajadores y demás ciudadanos.

Lo más llamativo de todo esto, aparte del susodicho dato que, para los que somos jóvenes y trabajadores eventuales, no viene sino a certificar con un informe y algún artículo en prensa las condiciones de un mercado laboral tan siniestro y mezquino que ni siquiera nuestros padres pueden entender. El tapón que originó el baby boom situando en los puestos de responsabilidad a nuestros padres o estableciendoles una cierta estabilidad laboral hace que se produzca una ruptura generacional tan compleja y dramática, que les hace incapaces de comprender el mundo laboral real, el que está fuera de convenios y de antigüedad, que prima la competitividad, la sobrexplotación, la flexibilidad, los sueldos míseros y una temporalidad laboral del 27%  para la que dicen es la generación mejor formada de la Historia.

La gran mentira de la clase media

Sintomático es que se hable ahora del peligro que corre la clase media, de su merma, como un síntoma de retroceso social, de involución historica en el desarrollo del Estado, probablemente basado en la maniquéa teoría de que cuánto mayor es la clase media, mejor va el Estado y que su disminución o su inexistencia somete a las naciones a situaciones de subdesarrollo. No entraré a valorar esta teoría, pero quizá el gran problema es la gran mentira que acechó durante décadas creando ese espejismo de que en España todo el mundo pertenecía a la clase media, que era un estado en progreso, que era una superpotencia y que todos sus ciudadanos como poco pertenecían a esa supuesta clase media.

En primer lugar deberíamos preguntarnos qué es lo que generalmente se considera clase media y por qué de esa autoafirmación general. Cuando cursé una asignatura que abordaba los movimientos sociales, mi profesor, marxista confeso hizo un experimento en su primera clase sin previo aviso consistente en preguntar a todos los alumnos a qué clase creían que pertenecían. El resultado fue abrumador: de 19 alumnos unos catorce afirmaron su pertenencia a la clase media, cuatro lo hicimos a clase obrera y uno lo hizo a proletariado. El razonamiento de quienes afirmaron su pertenencia a la clase media fue que ellos no pasaban hambre, que disponían de un hogar y sus padres de un trabajo. Por nuestra parte quienes afirmamos nuestra pertenencia a la clase obrera, evidentemente quizá los más concienciados políticamente, recurrimos a una explicación de una sociedad estratificada que se organizaba jerárquicamente y en la que las condiciones materiales te hacían partícipe de uno u otro estrato en función de las mismas, una sociedad jerarquizada y organizada en base a la desigualdad social. Obviamente el profesor pidió una explicación más mundana, a lo que respondimos que pertenecíamos a la clase obrera porque eramos asalariados o hijos de asalariados, sin otro patrimonio que nos diese un sustento sin recurrir al trabajo por cuenta ajena. Tras esto, de los 14 compañeros y compañeras que afirmaron pertenecer a la clase media, poco a poco fueron afirmando que sus condiciones materiales eran similares.

Este experimento lo repetí con varios amigos que, como es natural entre amigos de toda la vida solemos proceder de ambientes parecidos, y en todos se repitió un resultado similar. Sería interesante estudiar ese proceso social de autoengaño o de anestesia colectiva que hace que la mayoría de los trabajadores de este país sientan vergüenza por pertenecer a la clase obrera y se engañen considerándose clase media por no ser ni ricos ni vivir en la indigencia.

La estratificación social en el estado español

Es interesante comprobar el razonamiento general del porqué de la pertenencia a la clase media: si una persona no padece de exclusión social, ni se sitúa en el otro extremo de acumulación de riquezas, se busca un término medio consistente en aglutinar todo el espacio entre dichos extremos bajo la descripción generalizada de clase media. Una confrontación de análisis entre el weberiano que haría una descripción lineal de la estratificación y subyugaría la pertenencia a una u otra según las posibilidades ofrecidas a cada individuo, sin tener en cuenta las condiciones materiales y de dominación con el análisis marxista de confrontación de clases en función a la explotación de las unas sobre las otras nos pondría quizá en un punto poco claro, por ello mejor será caracterizar el plano estratigráfico de la sociedad española.

Como es evidente, en la sociedad capitalista en la que vivimos, el factor trabajo se ve remunerado por un salario que determina tu capacidad de subsistencia y desarrollo personal en función de la cantidad del mismo en correlación a la carestía de la vida.

Comencé este post hablando de los mileuristas, es decir, personas cuya retribución salarial no supera los 1.100 euros mensuales. Obviaré hablar de la precariedad de dichos empleos ya que ya lo hice anteriormente y me ceñiré solamente al aspecto salarial. Con esos 1.100 euros un trabajador debe hacer frente a una vivienda, ya sea en propiedad (hipoteca mensual) o en arrendamiento (alquiler mensual), a su manutención y vestimenta, al menos como gastos mínimos de subsistencia. Todo esto se complica si además tienes cargas familiares como pueden ser los hijos.  Analizando sólo los gastos mínimos de subsistencia y excluyendo el factor de cargas familiares, un trabajador con dicho sueldo en una ciudad grande o una capital de provincia sería incapaz en muchas de ellas de por si mismo poder subsistir y, de hacerlo, en unas condiciones límite que le harían vivir mes a mes para subsistir, sin mucho margen para otro tipo de gastos ajenos a lo más básico. Es decir, según el informe citado antes y según las evidencias de quienes padecemos dicho fenómeno, en España el 63% de la población activa vive en unas condiciones materiales que no le permiten más que la mera subsistencia.

Pero esto no queda aquí, porque seguro que en esa encuesta no viene recogido el eslabón más débil de la sociedad, el grupo del lumpenproletariado, de la lumpen-ciudadanía,  de los esclavos del siglo XXI. Me refiero obviamente a los inmigrantes que desempeñan los trabajos menos cualificados de nuestra sociedad y reciben los salarios más bajos, que impiden siquiera la subsistencia y les somete a la mayor de las marginaciones y exclusiones sociales. Junto a estos los Guestworkers, aquellos ciudadanos europeos de países que se unieron a la UE a principios de los 90 sin ningún tipo de restricciones y hoy padecen ser mano de obra imprescindible pero sin derechos y, por ende, con una remuneración salarial paupérrima que les impide un desarrollo personal y familiar completo ya que ni siquiera pueden sobrepasar en la mayoría de los casos el umbral de la subsistencia. Según datos de diversas ong, en España los trabajadores irregulares obtienen unos recursos de entre 500 y 800 euros mensuales y si además tenemos en cuenta que el sueldo mínimo interprofesional en España es de 624 euros podemos hacernos una pequeña idea de las condiciones en las que viven estos trabajadores.

Es pues que basandome en los datos si en el estado español casi 17 millones de personas obtienen recursos que únicamente les permiten subsistir, que existe una masa de no-ciudadanos que no se refleja en las estadísticas que obtienen unos recursos que ni siquiera les permite una subsistencia digna, me plantéo cómo es posible que en el imaginario colectivo se pueda seguir afirmando que en España todos pertenecemos a la clase media, a esa que es dueña de sus propios medios de producción y posee al menos una estabilidad económica que le permite no solo subsistir sino destinar recursos sobrantes a otras actividades económicas o sociales.

En España existe una clase media, por supuesto, cómo en casi todos los estados del mundo, una pequeña burguesía que no dispone de recursos para contratar trabajadores pero que es propietaria de sus medios de producción. Como ella también existe una burguesía que por su posesión de los medios de producción es capaz no solo de subsistir sino de aumentar sus medios a base del trabajo desarrollado por la otra clase sobre la que se sitúa. Pero quizá debería hacerse el análisis de si es verdad que la inmensa mayoría de la población, básandonos aunque sea en su distribución por sectores productivos, nos da una ecuación por la cual la mayoría de trabajadores en España son poseedores de sus medios de producción. Al menos en mi caso no me salen las cuentas.

Si, vistos los datos, a día de hoy no se puede decir que pertenecemos a la clase obrera y que la clase que se sitúa sobre nosotros no sobrevive gracias a la explotación de la nuestra a través de nuestro trabajo, entonces creo que nos quedará precariedad laboral, sueldos basura, flexibilidad y sobreexplotación para rato. Confiémos que la fuerza dormida de los trabajadores, de los no-ciudadanos y, en definitiva, de quienes en último término somos víctimas de la sociedad capitalista, sepa más pronto que tarde tomar conciencia real de cuál es su rol en la sociedad y de cuál debería ser. De momento el capitalismo nos va ganando la partida, ahora es cosa nuestra saber jugar las cartas y la crisis nos las está repartiendo bien.

Trabajador en paroPoema a la clase media

Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande

Desde el medio
mira medio mal
a los negritos
a los ricos
a los sabios
a los locos
a los pobres

Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también

En el medio de la nada
medio duda
como todo le atrae
(a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida)
sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan
(medio en las sombras)
a veces, sólo a veces, se da cuenta
(medio tarde)
de que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina

Así, medio rabiosa
se lamenta
(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza
a entender
ni medio

Mario Benedetti

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Alternativas comunicativas en América Latina

En la actualidad venimos asistiendo al bombardeo constante en nuestros medios sobre el nuevo Real Decreto aprobado por el gobierno que regulará la TDT de pago en España. La medida ha causado reacciones diversas, tanto a favor como en contra, aunque no hay que olvidar la nocturnidad y alevosía con la que fue aprobado dicho Decreto, pero no es sobre este tema, que seguro que aun dará más que hablar, sobre lo que me quería centrar, sino que me sirve de excusa para hablar o más bien opinar sobre el presente y futuro de los medios de comunicación.

Si de algo ha servido todo este revuelo, que deja de lado el problema de la adaptabilidad al nuevo sistema de los ciudadanos que tenían un decodificador TDT sin compatibilidad para estas nuevas funciones, es para evidenciar de nuevo la maquina tan bien engrasada que supone el Poder con los grandes medios de comunicación. Si en 1989 el señor Felipe González abría la puerta del negocio de la televisión de pago a Canal+, la que fue la gallina de los huevos de oro de Sogecable (Grupo Prisa), que posteriormente fue liberalizado de nuevo por el presidente Zapatero en 2005 para crear el canal en abierto Cuatro, ahora le toca el turno a La Sexta, buque insignia del grupo Mediapro y con una más que evidente sintonía con el Gobierno. Es decir, en 20 años el PSOE ha hecho exactamente lo mismo siempre buscando una posición de predominancia mediatica y apoyándose en unos y otros grupos de comunicación, por si no tuviera ya poco con la televisión pública como cuenta Pascual Serrano en Rebelion.

Los grandes lobbys de comunicación

En definitiva podríamos enumerar infinidad de grupos de comunicación, de lobbys informativos que con mayor o menor implantación se encargan de difundir sus noticias tanto en el Estado Español como en Europa, pero hoy pretendo centrarme en el caso latinoamericano, donde gobiernos progresistas en mayor o menor grado se enfrentan a los retos de construir un modelo comunicativo progresista en la jungla de los grandes grupos fruto de las desmesuradas liberalizaciones de los años 1980 y 1990.

Frente a las tentativas de construcción de sistemas de información alternativos se encuentran algunos de los mayores conglomerados en materia de comunicación en habla hispana.

Podemos empezar por la Organización Cisneros, conglomerado venezolano dirigido por Gustavo Cisneros, empresario que no solo apuesta por el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) sino que fue uno de los más firmes partidarios de las políticas neoliberales de los gobiernos salpicados de corrupción de Carlos Andrés Pérez. A este grupo pertenecen entre otros medios Venevisión, canal líder de la televisión venezolana y que factura millones en derechos de explotación por todo el mundo ya que es una de las mayores productoras de telenovelas de hispanoamérica. Pero como el capitalismo no tiene límites y los capitalistas tampoco, al señor Cisneros no le basta con su negocio venezolano y ha extendido sus redes por otros países controlando Caracol TV (Colombia), Chilevisión (Chile) o DirecTV Latin America en los Estados Uninos de norteamerica. Su público es la nada despreciable cifra de 550 millones de espectadores en más de 90 países.

Pero el gran grupo de comunicación en latinoamerica es Televisa, el consorcio mexicano que controla tres cadenas nacionales, una en el distrito federal, 258 emisoras regionales, 156 publicaciones escritas y las cinco emisoras de radio que opera en Mexico (en consorcio con el Grupo Prisa). Su presidente, Emilio Azcárraga, es uno de los empresarios más importantes e influyentes de toda latinoamerica, como denota que en 2006 consiguiese que se aprobara por unanimidad en la Cámara de Diputados una nueva ley de comunicaciones que regulaba el monopolio de la televisión privada en México en manos de AztecaTV y Televisa, asunto aun en litigio con el Tribunal Supremo.

Por otro lado tenemos al grupo Clarin en Argentina que agrupa a 14 rotativos, entre ellos el diario Clarin, el de mayor tirada nacional, junto a numerosas revistas, el Canal 13 del distrito federal, tres emisoras en Buenos Aires, 25 en el resto del país y, desde el 2006, el control de 80 canales a través del primer operador de cable argentino que a su vez emite también en Uruguay.

Presencia de los lobbys de comunicación españoles en latinoamerica

Como era de esperar en un mercado de tantos millones de consumidores como es el latinoamericano no es de extrañar que los consorcios informativos españoles crucen el charco para hacer negocio y extender así su red de control de la información.

Así pues, mientras el 40% del accionariado de La Sexta está en manos de la mexicana Televisa, es el Grupo PRISA quien ostenta la presencia española en latinoamerica, facturando en 2007 la nada desdeñable cifra de 3.696 millones de euros. Aglutina a más de 43 millones de usuarios a través de El País, 40 Principales y las editoriales Santillana y Alfaguara, así como su participación en el Grupo Latino de Radio (México, Chile, Colombia, Argentina, EEUU, Costa Rica y Panamá).

Los lectores habituales (cada vez menos) del diario El País que nos situamos a la izquierda llevamos mucho tiempo sintiendo estupor y desprecio por los artículos de política internacional del diario, especialmente cuando hablan de países americanos con gobiernos legítimos de izquierdas como el caso de Venezuela, Bolivia o Ecuador, por poner tres ejemplos, así como la desmesurada falta de rigor y crítica a gobiernos como Uribe en Colombia o el clan Kirchner en Argentina. No es de extrañar si tenemos en cuenta que es uno de los principales socios de la Organización Cisneros de Venezuela a la que le da cobertura en la televisión de pago en España y a través de las ondas radiofónicas dentro del Grupo Latino de Radio. Lo mismo que ocurre en México al compartir con Televisa las cinco emisoras de ámbito estatal, en Argentina un acuerdo de colaboración con el grupo Clarín y en Bolivia con la propiedad de la televisión ATB Bolivia y los diarios La Razón y Extra.

El gran logro del grupo PRISA, más allá de sus millonarios beneficios a costa del neocolonialismo económico y de la atomización de los medios informativos es ser capaz de modelar a su gusto (e intereses) la imagen internacional de los gobiernos latinoamericanos. Con sus alianzas con el antichavismo en Venezuela y con la oligarquía racista de Bolivia, consigue crear frentes comunes contra Hugo Chávez o Evo Morales, mientras con sus otras alianzas lima la imagen de presidentes como Uribe, Cristina Fernández o Calderón, es decir, sirve de soporte de los sectores dominantes y ultraconservadores latinoamericanos y como piedra de toque contra todos aquellos gobiernos progresistas que plantean alternativas más o menos acercadas al status quo del continente.

Qué se mueve en latinoamerica y algunas alternativas

Como dije anteriormente, frente a estos grandes holdings comunicativos, los gobiernos progresistas que mayoritariamente gobiernan el continente se encuentran ante un reto de una dificultad estructural y económica gigantesca pero que abre en muchos casos el camino a alternativas que pueden crear una brecha entre lo público y lo privado que no podemos ni debemos perder de vista.

Sin duda uno de los grandes proyectos de comunicación es Telesur, canal del que son accionistas los gobiernos de Venezuela, Argentina, Cuba, Bolivia, Ecuador y Paraguay y que, a pesar de problemas estructurales y de la dificultad de cubrir emisión para todo el continente, va haciendose un hueco como canal público, con contenido diverso y una gran herramienta de futuro para la cohesión social de los pueblos latinoamericanos. Así mismo, su apuesta por la implantación a través de la red sirve para la construcción de un pequeño contrapoder mediatico que hace llegar a cualquier punto del mundo una información profesional y rigurosa no aquejada de intereses comerciales. Otra senda recorren países como Ecuador donde nunca existió una televisión pública pero que desde hace poco sí posee un periódico de titularidad pública llamado El Telégrafo, proyecto similar que quiere seguir Evo Morales en Bolivia.

Sin embargo estas iniciativas muchas veces no llegan a la opinión pública europea. Para ejemplo quedan los ataques al gobierno de Venezuela al no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión para dejar libre la frecuencia para usos públicos. Tampoco se comentará el anuncio hecho hoy por la presidenta Cristina Fernández de reformar la vieja ley audiovisual heredada de la dictadura que establecerá un tercio para uso público, otro tercio comercial y otro para usos cooperativos (universidades, asociaciones, cooperativas…etc).

A pesar de todo, estas iniciativas necesarias y totalmente respetables tomadas por parte de los gobiernos de izquierdas latinoamericanos, suponen un riesgo claro de estatalismo al verse enfrentadas a consorcios comunicativos tan grandes y poderosos, por lo que quizá tampoco sea esta la alternativa o, al menos en principio, no sea solo esa la única alternativa. Quizá el modelo idóneo para conseguir una verdadera independencia informativa y una transmisión real entre emisor y receptor sea la ruptura de los intermediarios y la apuesta por medios de comunicación cooperativos y autogestionados que no caigan en sucursalismos a gobiernos de turno o a intereses económicos. Esa senda la están comenzando ahora en Uruguay donde ya se han reservado licencias para usos comunitarios y en Bolivia ya son más de una treintena las que funcionan, aunque todo ello sigue el ejemplo de los medios alternativos venezolanos.

La alternativa comunicativa venezolana

El proceso bolivariano con sus grandes defectos y virtudes ha traído a Venezuela una autentica revolución en materia comunicativa, una democratización de la comunicación llevándola a los sectores populares para que asuman el papel de emisor y no solo el de receptor (o consumidor). Lejos de quedarnos con aspectos bizarros como el programa “Aló, Presidente” o con la campaña mediatica tan bien orquestada contra el presidente Chávez por no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión, es imprescindible que nos fijemos en la comunicación alternativa de la república, donde las publicaciones, revistas, fanzines, emisoras y radios se cuentan por centenares en todo el país y con la madurez de haber sido capaces de abrir el debate sobre la autonomía de las mismas.

En una sociedad mestiza como la venezolana y a pesar de los intentos de demonización de Chávez, no se nos dice que más del 85% de los medios de comunicación (televisión, radio y prensa escrita) en Venezuela están en manos de la oligarquía blanca que sirve de sustento a la oposición y de plataforma a intentos golpistas que hasta el momento han sido frustrados. Desde el año 2002 existe en Venezuela una normativa audiovisual sobre medios comunitarios que regula las condiciones para obtener licencias sin ánimo de lucro renovables cada cinco años. Los criterios son, a grandes rasgos, que el 70% de los contenidos sean realizados por la comunidad, que tengan talleres permanentes de formación popular y que con el fin de autogestionarse se financien también con publicidad de las pymes locales para promocionar el comercio de proximidad. Con esto se consigue por un lado gracias a la formación que la capacidad de lanzar el mensaje no quede reducido a un pequeño grupo sino a toda la comunidad, por otro lado con la publicidad de empresas locales se evita caer el el círculo vicioso capitalista que acabaría sometiendo al medio a una sumisión a intereses empresariales frente al espíritu colectivo y desde abajo con el que surgen.

Existen multiples ejemplos ya consolidados que están demostrando el éxito de las alternativas comunicativas como son Catia Tve en Caracas, Cardumen dirigida a los pescadores de Isla Margarita, Comunare Rojo TV orientada a los campesinos de Yaracuy y, desde 2003, Vive TV, canal comunitario de alcance nacional que difunde diferentes puntos de vista desde todos los puntos de la república e incluso de otras naciones.

La acusación frecuente de los medios de comunicación privados y de la oposición es que los medios comunitarios son un apéndice del chavismo pero, en realidad, los más de 450 medios existentes responden a otra realidad: al planteamiento desde abajo de una alternativa comunicativa real, con capacidad de crítica sobre los asuntos públicos y con una autonomía muy marcada que sirve de herramienta fundamental para la democratización del espéctro comunicativo de Venezuela.

Lo que no cabe duda es que en el proceso de cohesión latinoamericano es imprescindible la búsqueda de modelos y alternativas que sirvan para establecer una jerarquía de contrapoder e información veraz y no sometida ni a los intereses comerciales ni a los intereses partidarios de los gobiernos y son estos, los medios comunitarios, una de las alternativas más estimulantes a la búsqueda de una verdadera democratización de la comunicación y de cohesión entre los diferentes pueblos manteniendo la diversidad y tendiendo puentes a las realidades sociales muchas veces silenciadas por los medios privados.

Los datos aportados en este texto están extraídos de diversos artículos de Rebelion (sección “Mentiras y medios”), TeleSur, Aporrea, de los artículos “Los medios comunitarios en Venezuela” de Thierry Deronne y “Los grupos de comunicación en Suramérica” de Pascual Serrano (ambos publicados en el nº6 de El Punto de Vista de Le Monde Diplomatique en español) y “La guerra mediatica en America Latina” de Andrés Mora Ramírez.

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Los combates cotidianos

Si hay algo novedoso y maravilloso que la cultura pop del siglo XX aportó a la historia social y a la cultura es el comic y la novela gráfica, en el sentido amplio de la palabra. Un nuevo formato, un nuevo medio y una nueva forma de seducir a un público que, aunque con los mismos mensajes, precisa de un lenguaje adaptado a nuestra forma de vida.

Más allá de historias de superhéroes, que también sigo desde mi juventud, hay un subgénero dentro del comic impresionante y útil para la concienciación y la reflexión ideológica, que junto a la creación artística crea nuevos espacios allá donde las novelas o ensayos probablemente no puedan llegar con su lenguaje. Me refiero a lo que yo llamo comic “social”.

Hoy os hablo de Los combates cotidianos (Le combat ordinaire), una obra genial en cuatro tomos, que nos enseña precisamente lo que el título dice: los combates cotidianos de un joven periodista francés, un joven que no quiere sentarse a esperar mientras su frustrante pero exitosa vida le ahoga.

Dejar un trabajo de exito para dedicarse a si mismo, a sus pasiones, a enamorarse, a conocerse tanto a si mismo como a su familia, dejar que en su vida entre alguien más que su repelente gato. Y de trasfondo la desindustrialización, los ex-compañeros de astillero de su padre que votan a Le Pen, la hipocresía y el snobismo de la vida cultural parisina, las historias ocultas de la familia y la lucha con la cotidianedad de esa enfermedad malvada llamada olvido.

Sin duda, una de esas pequeñas joyas gráficas de nuestros días que, sin apenas darnos cuenta, nos da un bofetón de realidad que esperemos sepa abrir algunos ojos y algunas mentes.

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Sesión de tarde: L’aveu (La confesión)

Hablemos de cine. Pero de cine del bueno, de ese gran cine de autor firmado por uno de los más importantes directores de tinte político, el señor Costa-Gavras.

Del mismo director de la genial Z de la que si no os hablé os hablaré, hoy os recomiendo L’aveu (La confesión), film de 1970 basado en la obra L’aveu, dans l’engrenage du procès de Prague de Artur London y genialmente transformada en guión por Jorge Semprún.

Un thriller político de los buenos, que te mantiene en tensión durante los 135 minutos de película para narrarnos las purgas sobre la izquierda heterodoxa en las filas comunistas durante el preludio de la Primavera de Praga.

Protagonizada por Yves Montand y Simona Signoret, pareja en el film y en la vida real, nos introduce en una atmosfera compleja que nos hace interiorizar y empatizar con el clima de asfixia del protagonista. Los flashbacks, el juego de cámara, combinados genialmente con unos movimientos y unos primeros planos sencillamente estupendos, ayudan a hacer esta una de esas películas que te enganchan hasta el final.

En definitiva, no dejo de estar hablando de una joya del cine firmada por uno de los mejores directores de cine político que no temen a utilizar el arte para decir las verdades al mundo.

https://i0.wp.com/www.linternaute.com/sortir/cinema/film/dossier/cinema-politique/l-aveu.jpg

Malos recuerdos,
sed no obstante bienvenidos…
sois mi lejana juventud…

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