Ante todo, ética

art 8. Los militantes y/o cargos públicos de IU imputados por un juez o magistrado, procesados o condenados por delitos relacionados con la corrupción, prevaricación con fines de lucro, tráfico de influencias, enriquecimiento injusto con recursos público o privados, malversación y apropiación de caudales públilcos, cohecho, racismo, xenofobia, homofobia o violencia de género, cesarán de forma inmediata de sus cargos públicos así como de los órganos de dirección de IU a nivel estatal, autonómico o local si los tuvieren. También serán apartados de forma cautelar de la militancia hasta que cese la imputación, el procesamiento o exista sentencia absolutoria.

La coherencia es la menor distancia posible entre lo que uno dice y hace. Como creo que una de las banderas que deben primar en el seno de la izquierda es precisamente la de la coherencia, hay noticias que de mano no deberían darse y que, si por desgracia se dan, debemos actuar conforme a nuestra ética y a la propia coherencia que tanto reclamamos al resto.

Izquierda Unida tiene desde 2006 un código ético al que deben atenerse todos sus cargos tanto a nivel federal, como autonómico o local. Un código que recoge un compromiso ciudadano, de transparencia y coherencia que debe ser una prueba de confianza que nos diferencie de otras organizaciones que acogen en su seno prácticas poco éticas.

Mientras un cargo de IU es imputado por un presunto delito, es la organización también responsable de dicha imputación mientras se le mantenga en sus cargos. Le pese a quien le pese, una acusación de acoso sexual es una acusación de violencia de género, una lacra contra la que desde nuestra coalición y desde la izquierda combatimos con todas nuestras fuerzas. No hay medias tintas, tenemos un código que regula estas (y otras) actuaciones poco éticas y hay que respetarlo.

Como militante reivindico la preeminencia de la ética y la coherencia cívica como algo irrenunciable y por ello considero imprescindible y urgente que se suspenda inmediatamente de sus cargos a este compañero mientras permanezca imputado. Si se demuestra inocente, se le devolverá a su cargo y quedará su nombre y el de la organización más limpios aún si cabe. Mientras se siga manteniendo en su puesto, tanto su nombre, como el de la organización a la que representa, quedará en tela de juicio.

11:43h Actualización: esta mañana se hace pública la declaración por la que Miguel Reneses suspende temporalmente sus funciones como Secretario de Organización. Un gesto que le honra, que nos excluye como organización de un asunto judicial que, espero, determine si hay culpabilidad o no y limpie su nombre en caso de estar exento de ella.

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Que nadie se olvide de la Memoria

“La lucha del hombre contra el Poder es la lucha de la memoria contra el olvido.”  Milan Kundera

Hace unos días, hablando con una persona encargada de dar forma a un trabajo de memoria histórica en el que estamos trabajando unos compañeros, nos preguntaba que, como historiadores, cómo veíamos ahora el presente y futuro del proceso de recuperación de la memoria histórica con la llegada de la derecha al poder en prácticamente todos los estamentos posibles.

Nuestra respuesta fue bastante unánime: la financiación y la ayuda pública prácticamente tiene que ser descartada salvo alguna que otra corporación municipal en manos de la izquierda que aún desarrolla proyectos sobre la memoria. Añadimos también que precisamente por ser ahora un tema denostado y pisoteado por una derecha que quiere seguir sintiéndose impune, y también por parte de la izquierda que mantiene complejos de supuesta equidad de víctimas, era más importante que nunca seguir impulsando y desarrollando trabajos en esta dirección.

La memoria, aunque muchas veces molesta, es un motor que hace avanzar a la sociedad. No es posible construir un modelo social justo mientras haya un régimen que se sustente con cunetas llenas de huesos como pilares o con muertes, abusos y torturas sin respuesta ni reparación. Recuperar la memoria es recuperar las voces del olvido, es poner puntos a heridas abiertas y es, ante todo, hacer justicia.

¿Cómo podemos querer construir un Estado moderno si basa su propia existencia en la propia injusticia? No podemos permitirnos seguir negando una realidad social existente, la de las miles de familias que aún a día de hoy no tienen respuesta sobre su propia historia familiar. Una historia que, en definitiva, es la historia más importante de uno: la de sus ancestros, la que explica de dónde viene y el porqué de su existencia. No hay peor castigo para un ser humano que negarle su pasado, que negarle la posibilidad de reencontrarse con los hechos y vivencias de sus predecesores; y esto, por desgracia, lo tenían y lo tienen muy claro las derechas, que saben que no tener un sitio material donde llorar o unos restos a los que rendir un homenaje es la nada, la inexistencia, el vacío más absoluto.

Sin memoria se corre el riesgo tan frecuente y tan dañino en el campo de la Historia de caer en la nostalgia, de que la bruma del tiempo edulcore los sucesos tiñéndolo todo de un tupido velo de inocencia pasada. Sin memoria, se corre el riesgo de que al ministro de propaganda de un régimen totalitario y genocida como el franquista se le permita redactar una Constitución y que a su muerte, con responsabilidad en varias muertes impunes, se le considere una pérdida para la democracia y que la nostalgia haga considerar nimiedades o asuntos baladí sus responsabilidades con un régimen de terror.

Sin memoria, el recuerdo queda en un anciano que suelta exabruptos y se bañó en Palomares, obviando a Julián Grimau, a Enrique Ruano, a los trabajadores de Vitoria o a los carlistas de Montejurra.

Sin memoria, en definitiva, seguiremos siendo un Estado construído sobre la injusticia, el dolor y la negación de nuestra historia. Sin memoria, los vencedores siguen venciendo y los vencidos somos doblemente vencidos.

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Con Fraga, hasta la braga

Lo reconozco, en cuanto escuché la noticia de la muerte de Fraga me recorrió por todo el cuerpo el cosquilleo de tener que escribir sobre ello. Nunca me alegro por la muerte de un ser humano, de hecho ni por los hombres y mujeres más ruínes que el mundo haya dado me alegro. La muerte es una liberación, es un punto y final que ahoga en olvido los peores actos cometidos. Y no, eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo.

Muchos seguramente mañana recuerden al señor Fraga Iribarne como un demócrata ejemplar, como un político de excepción que supo amoldarse de un régimen totalitario a un sistema democrático. Otros recordarán que es el fundador del partido que ostenta el poder en la práctica totalidad del Estado. Incluso en algunos medios de comunicación recordarán aquel ya clásico “con Fraga, hasta la braga” que resumía la relajación de la mojigatería de la censura o aquel esperpéntico baño en Palomares tras el affaire nuclear.

De lo que estoy seguro es de que a muy pocos les dará hoy por pensar en el otro Fraga. En el Fraga que puso voz y cara para justificar ante todo un país el fusilamiento de aquel comunista llamado Julián Grimau en 1963. Tampoco se hablará del Fraga que dirigía las fuerzas de órden público aquel 3 de marzo de 1976 que resultaban con la muerte matada de cinco trabajadores en huelga. Y, evidentemente, tampoco se hablará del Fraga que conocía y amparaba aquel atentado que desde el búnker se lanzaba contra aquel carlismo que se reinventaba y reivindicaba una identidad nueva frente al tradicionalismo franquista en Montejurra un 9 de mayo de 1976.

De nada de esto se hablará porque nada de esto interesa en esta sociedad obligada a ejercer una amnesia colectiva, un intento de amnistia de facto para todos aquellos verdugos, fieles vasallos y perros de presa surgidos de las entrañas del franquismo. Fraga, al igual que otros muchos, muere en la cama, tranquilo, sin haber sufrido persecución ni condena alguna porque, ante todo, el señor Iribarne ha sido en sus 89 años de vida un camaleón capaz de transformar su existencia a las circunstancias, de sobrevivir y, sobre todo, de escapar a la propia justicia.

Otro culpable muere en la cama con las manos manchadas de sangre. Hoy debemos de estar tristes por haber sido incapaces en 30 años de sentar en un banquillo ante un juez a quienes deberían haber rendido cuentas por sus hechos.

Como bien dice Lluís Llach a todos ellos “les perseguirán nuestras memorias para siempre”.

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Lo confieso: tengo un miniempleo

Lo tengo que confesar: yo ya gozo de un miniempleo, antes incluso de que la CEOE propusiese tan genial y novedosa idea. Yo tengo mi miniempleo, mi minijob, tan europeo como mini y por eso puedo hablar con un cierto conocimiento de causa de lo que ello supone.

Sumado a mis múltiples contradicciones vitales entre lo que creo y lo que tengo que hacer para vivir, soy uno de esos miles de asalariados de una multinacional dedicada principalmente al poco transparente negocio de la farmacia y del márketing. Cada trabajo generalmente me supone horas y horas dedicadas a, con mucho estómago, descubrir los entresijos de cómo funciona el mercado de la salud o de los bienes de consumo. Y digo que he de convivir con esa contradicción porque evidentemente no me gusta tener que ser partícipe de las estrategias comerciales de determinadas empresas transnacionales, ni tampoco me gusta saber los entresijos de un medicamento o de una campaña publicitaria habitualmente poco veraz, pero de algo hay que vivir y mi remuneración, aunque pequeña, es un pequeño pellizco que me permite subsistir y completar la “beca” que mis padres me tienen concedida.

El sueldo depende de la carga de trabajo que haya en ese momento y puede rondar entre los 150 o los 400 euros al mes, con algunos picos que pueden llegar a los 600 o 700 si has tenido suerte de que te encarguen trabajo extra y si has renunciado a prácticamente todo tu tiempo libre para trabajar. Porque sí, el sueldo es mini como es en principio mini el trabajo, pero no son mini las horas que se dedican, ni las noches ante el ordenador para entregar trabajos que te adelantan de fecha sin previo aviso. Muchos días se superan con creces las 8 horas diarias, todo en función de la dificultad del trabajo que te envíen que, evidentemente, nunca te avisan de lo complicado que será o no con anterioridad.

Pero aún así me siento afortunado pues con estos pequeños ingresos puedo ir pagándome mis gastos mientras acabo mis estudios sin necesidad de sablear más de la cuenta a mis padres cosa que por desgracia la mayoría de estudiantes no pueden hacer. Lo que es evidente es que con esta ocupación, que es temporal y mal pagada, uno no puede construir una vida como tampoco se podrá construir una vida con los minijobs de 400 euros que propone el indigno señor Rosell. Con un sueldo de 400 euros nadie se puede emancipar, ni plantearse crear una familia. Pero lo peor de todo es que con 400 euros nadie puede tampoco consumir y, con ello, inevitablemente tampoco se puede incentivar con ello la economía.

La argucia por la que se pretende generalizar este tipo de contratos que, repito, ya existen, es la de siempre: reclamar la necesidad de los mismos por una supuesta tendencia europea a ello. Quizá por ser algo que siempre me llamó la atención he tenido la fortuna de conocer algunos de estos minijobs en las ocasiones que he podido viajar por Europa y no, su planteamiento no es el que se propone para aquí. Allí son un mero complemento económico para jóvenes y, sobre todo, para personas mayores que así completan su pensión como taquilleros o guías de museos a media jornada, por ejemplo. El problema es que la CEOE pretende convertir una práctica concreta para unas situaciones vitales concretas en una norma que le sirva para precarizar aún más si cabe el trabajo asalariado con especial incidencia en los jóvenes. Si se permite la generalización de estos contratos estaremos abriendo la puerta a la degradación ya no solo de los salarios, sino de directamente las propias condiciones y la estabilidad laboral.

La salida de la crisis no pasa ni por la destrucción de empleo público que propone la derecha y la patronal, ni por el abaratamiento del despido ni, mucho menos, por una mayor precarización del mercado de trabajo. La salida de la crisis pasa, sobre todo, por incentivar la creación de puestos de trabajo pero en unas condiciones dignas que permitan un flujo salarial que reactive la economía a través del consumo.

Según la CEOE, poseen encuestas de parados que ven con buenos ojos los minitrabajos. ¿Quién no vería con buenos ojos percibir un salario por ínfimo e injusto que sea tras años en el paro y una familia a su cargo? El problema es que se trata de una manzana envenenada.

 

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Mayoría absolutísima

Como era previsible, con las urnas abiertas y los votos bien contados, los sondeos no iban muy desencaminados y ya tenemos nuevo Gobierno. Como yo ya me he exculpado, no voy a darme golpes de pecho hoy ni lamentarme por un resultado que no por predecible hay que dejar de analizar, no tanto por la mayoría absoluta entrante, sino por la situación política que deja tras de sí, especialmente en el seno del PSOE.

Bofetadas por la izquierda

Si alguien perdió ayer fue el PSOE. Se empeñan muchos en decir en las redes sociales que perdimos todos pero no, quien perdió fue el PSOE que pasó de 169 diputados a 110, el peor resultado de su historia democrática que traducido a votos supone una pérdida de 4.315.455 apoyos. Los recortes sociales, el escore hacia la derecha y un alejamiento evidente de su propio electorado ha hecho que el PSOE pase de saborear las mieles de la era ZP con un PP descompuesto a estar recibiendo por diestra y siniestra la cura de humildad de que no se puede bailar con dos en el mismo baile y que si uno se escora a la derecha, a su izquierda no le suele gustar la prostitución de su voto y deja de votarlo.

Es evidente que los recortes seguirán, que un giro aún más a la derecha no será la solución, pero también es evidente que el electorado de izquierdas es considerablemente más crítico y no suele aceptar muy bien que con sus votos se hagan políticas de derechas. Sobre todo cuando se hacen sin explicación, sin debate previo y con una prepotencia y cinismo desmesurado.

Una reforma laboral que se ha demostrado ineficaz, impopular y, sobre todo, que nos perjudica a los trabajadores, que fue contestada con una huelga general no secundada por la mayoría de militantes del PSOE y en muchos casos incluso atacada ayudó a catalizar un descontento en el seno de la izquierda social hacia el PSOE. Los recortes en sueldos públicos, la congelación de pensiones, las subidas de tasas en las universidades, una hipócrita y sumisa política exterior más predispuesta al belicismo que al apoyo de los oprimidos y una desesperante actitud del Gobierno entre ceguera y cínica de negación de la situación, ayudaron a seguir calando en el malestar. Quizá la actitud del propio PSOE a propuestas que ahondaban en la regeneración democrática y en un mayor control ciudadano que ya existían pero que recobraron fuerza gracias al movimiento #15m también ayudó. El oponerse reiteradamente a la dación en pago que pondría fin al drama de miles de familias, la reforma pactada con PP y CIU de una reforma electoral que blindaba el bipartidismo [1][2] y que prioriza la supuesta estabilidad frente a la pluralidad y, finalmente, una reforma express de la sacrosanta Constitución Española pactada por PP y PSOE que blindaba la contención de déficit público y daba cobertura legal a los futuros recortes, fueron la gota que colmó el vaso y la paciencia de la izquierda.

¿Quién se iba a creer que un ex-Ministro que secundó todas esas medidas y rodeado de la misma gente que participó de las mismas podría hacer creer al electorado que se presentaba un nuevo proyecto desde el PSOE? Nadie y ayer se evidenció en las urnas. Zapatero consiguió pasar fugazmente del “no nos falles” al “no nos folles” porque, si bien en 2004 accedió al poder con el aval de muchísimos jóvenes, ahora somos precisamente los jóvenes lo más perjudicados por sus políticas neoliberales. Decía hace un par de meses Santesmases, ex-diputado del PSOE por Izquierda Socialista, que en el Comité Federal del PSOE nadie ponía en duda la premisa de Zapatero de que en materia económica PSOE y PP debían tener un programa similar y que sólo algunas pinceladas de tinte social debían diferenciarlos. Ese es el legado del “zapaterismo”, un PSOE aún más desideologizado, más pobre, más nulo y con pocas perspectivas de recupreración.

El PSOE hoy por hoy no es un partido capaz de ser la voz de la calle en el parlamento, está deslegitimizado totalmente y ni siquiera es posible que pueda ejercer de muro de contención de la derecha en las instituciones. ¿Cómo se puede contenter los recortes que presumiblemente hará el PP cuando has sido cómplice de una reforma constitucional que le da cobertura legal para ello? ¿con qué cara puede el PSOE elevarse como paladín de lo público cuando ha privatizado y recortado todo lo que ha podido en el último año? ¿quién va a creer que el PSOE pueda defender los intereses de la clase trabajadora después de votar una reforma laboral que nos retrotrae a unas condiciones de trabajo similares a las de nuestros abuelos?

Leve recuperación de Izquierda Unida

Y digo leve porque en plena crisis global del sistema, con la mayor precarización de nuestras vidas, que nos tengamos que dar por satisfechos por conseguir 11 diputados dice bastante de lo mal que estamos en la izquierda. Es un resultado positivo, se recupera un terreno que no debió perderse nunca, pero es frustrante que no sea mucho más. Algo estaremos haciendo mal para que incluso con una debacle del PSOE que le hace perder casi 4,5 millones de votos, no seamos receptores de los mismos.

Los 11 diputados de IU son el fruto de mucho trabajo, de una campaña realmente buena y, sobre todo, de vender una imagen de honestidad. Porque sí, puede gustarnos más o menos Llamazares, pero su actitud en el Congreso es una actitud de honestidad hacia el ciudano y, supongo, por eso habrá conseguido revalidar su acta (y recuperar el diputado de IU por Asturies) entre otros con mi voto.

Hace unos días Julio Anguita hacía un llamamiento a crear un frente común contra el fascismo financiero y creo que por ahí debe pasar el futuro tanto de IU como de la izquierda política y social a partir de hoy. Por fin parece llegar algo de cordura y, nuevamente, es Anguita quien la pone. Porque, como decía al principio, si la izquierda política del estado español sólo ha podido conseguir unos 25 escaños con la que está cayendo es que algo estamos haciendo mal. Unos más que otros, pero si no estamos todos, seguiremos en las mismas. Es el momento de juntar lo diverso sumándo lo disperso y eso pasa por confluír, por unir, por sumar y, sobre todo, por ceder todos un poco. Por mi parte hay predisposición para todo ello.

Un dato curioso: Extremadura

Los adalides del voto útil pronosticaban hace unos meses el descalabro y desaparición de Izquierda Unida por no regalarle la presidencia extremeña al PSOE a cualquier precio. Dió igual que el PSOE no aceptase ninguna de las propuestas de IU para un pacto, da igual que fuese una decisión tomada por las asambleas locales en un ejemplo de coherencia y práctica democrática del que muchos podrían aprender (recordemos las no-primarias por las que salió elegido Rubalcaba). Todo eso dió igual, se recuperó el discurso de la pinza y se daba por hecho un castigo a IU por esa osadía de inclumplir lo que algunos parece que consideran el pacto no escrito de tener que regalar al PSOE siempre todo a cualquier precio.

Ayer los resultados en Extremadura fueron reveladores. Por un lado Izquierda Unida pasó de 20.606 votos en 2008 a 37.706, es decir, prácticamente dobló sus apoyos. Por otro lado el PSOE pasó de 365.752 votos en 2008 a 245.689, es decir, perdió 120.063 votos desde las últimas elecciones.

Es evidente que en Extremadura, de la que hoy nadie habla tanto como en mayo, se produjo ese descalabro que tanto amenazaban los inventores de la pinza.

Otro dato curioso: el PSOE sufre su ley electoral

Si Zapatero hubiese cumplido su promesa de reformar la ley electoral y hacerla más justa y representativa, de garantizar el principio de un ciudadano, un voto, hoy los resultados serían sustancialmente diferentes. En esta ocasión, espero que los militantes del PSOE reflexionen sobre el asunto, ya que en esta ocasión todos nos vimos perjudicados, pero ellos más, porque con un sistema más justo, el PP no obtendría mayoría absolutísima con apenas 600.000 votos nuevos.

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Yo me exculpo

Escribo esta pequeña nota en el último día de campaña, con mi voto plenamente decantado por la candidatura de Izquierda Unida y con la conciencia muy tranquila de que le doy la mayor utilidad posible a mi papeleta. Desconozco el resultado y no seré yo quien profetice un futuro lleno de aciertos y falta de errores a IU en el parlamento si es que, como vaticinan todos los sondeos, se produce ese resultado que aumenta considerablemente la representatividad. Lo que tengo muy claro es que como persona de izquierdas escojo la candidatura más honesta y coherente con los intereses de quienes estamos sufriendo las consecuencias de la crisis que no somos otros que los trabajadores y el precariado.

Yo me decanto por una izquierda que los medios de comunicación definen como minoritaria pero que casualmente representa y defiende la opinión de un sector mayoritario de la izquierda en infinidad de aspectos. Me gustaría saber por qué IU es minoritaria cuando como la mayoría de la izquierda cree que una reforma de la Constitución debe ser refrendada por un referendum, por qué es minoritaria cuando la mayoría de la izquierda defiende una ley electoral justa y democrática, por qué es minoritaria cuando la izquierda social de este país clama por la dación en pago que termine con el terrorismo hipotecario, por no alimentar el monstruo de los bancos con dinero público, por no precarizar el mercado laboral con reformas que nos retrotraen a las condiciones de nuestros abuelos, por qué es minoritaria cuando la mayoría de la izquierda se opone al retraso de la edad de jubilación, al aumento de jornada a 65 horas semanales en la UE, a la sumisión del Estado a los intereses de EEUU con la implantación del escudo antimisiles en Rota. Me pregunto cómo puede ser posible que sea una izquierda minoritaria cuando la mayoría de la izquierda de este país defiende la resolución del conflicto en el Sáhara, que desaparezcan los CIEs que tratan a los inmigrantes como animales, etc.

En conciencia mi voto va para IU porque es, en definitiva, la única formación con vocación institucional que puede hacer valer y defender mis intereses como clase y como víctima de una crisis de la que no me siento en absoluto culpable como para tener que pagarla. Es por esto que yo me exculpo si la derecha sin máscara llega al poder, me exculpo de no apoyar con mi voto a un neoliberalismo con pequeños guiños sociales que pretende prostituir los votos de la izquierda en beneficio de los más fuertes. Yo me exculpo porque mi voto no lo regalo, porque mi voto es tan importante que no consiento que se utilice para lo que yo no lo he dado. Yo me exculpo porque con mi voto no pienso amortiguar la caída por mérito propio de aquellos que con su política de firmeza frente a los débiles y debilidad frente a los fuertes han claudicado frente a los mercados, frente a la banca y que han sentado las bases de la destrucción del Estado del Bienestar. Cuando el PP en nombre del déficit empiece a desmantelar, que nadie olvide quién bailó con ellos la danza de la reforma constitucional para contentar a los mercados y abrir la veda de la contención de gasto público. Yo me exculpo porque mi voto no va a servir para salvar a quienes prefirieron los duetos frente a los coros.

En estas elecciones que las urnas se llenen de votos de rebeldía. Somos más en la izquierda, que cada uno escoja su opción en función del prisma con el que vea las cosas pero que nadie se atreva a cuestionar que nuestro voto en conciencia es el mejor voto posible. Votemos a quien votemos, sabemos que nuestro voto es nuestro y ya estamos hartos de tener que escoger entre lo mismo y lo mismo.

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Las dos caras de la misma moneda

¿Os acordais de esto?

Pues hoy pasó esto otro:

¿La diferencia? El PP siempre estuvo a favor de la guerra de Irak y de las agresiones imperialistas mientras que el PSOE saca la bandera saharaui cuando está en la oposición y la esconde cuando gobierna. La reacción en ambos mítines la misma: hooliganismo, violencia, agresiones y una ausencia total de empatía hacia la protesta.

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